Moisés Naím
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El Mundo


EL MUNDO QUE VIENE
Pablo Pardo

El problema de la economía sumergida es mayor que el del terrorismo, pero el discurso oficial no se ocupa de él.

Ex Ministro en la Venezuela de antes Chavez, ex asesor del banco mundial y director de la prestigiosa 'FOREIGN POLICY', las ocupaciones de Moises Naim darian para mucho mas de una vida. Su ultimo libro sobre los peligros de una globalizacion desbocada.

La globalización no sólo ha provocado un aumento de los intercambios comerciales y financieros en todo el mundo.También ha generado la mayor explosión de la economía sumergida en la Historia. Algunos analistas, como la italiana Loretta Napoleoni , estiman que la economía sumergida equivale al 25% del PIB mundial.Y sigue creciendo a una velocidad mucho mayor que las actividades legales.

Pero, para Moisés Naim, director de la revista Foreign Policy, no se trata de un problema de tamaño a pesar de que el contrabando -de mercancías de drogas o de personas- ha alcanzado unas dimensiones tales que amenaza «el tejido de la sociedad». La clave es que el sistema económico mundial lo fomenta. En Illicit , su último libro, calificado como uno de los libros del año por The Washington Post, Naim advierte del peligro de que las redes de contrabando acaben devorando un sistema político y económico que teóricamente iba a traer paz y prosperidad a todo el planeta. Para Naim , ningún país está libre de convertirse en un narco -Estado.

PREGUNTA.- Estamos aquí hablando de economía sumergida en la redacción de Foreign Policy y a diez minutos de distancia caminando, en la calle Columbia, hay gente que, por 6.000 dólares -5.000 euros- al contado trae en diez días a cualquier persona de no importa qué país de América Latina y además le da todos los documentos necesarios, perfectamente falsificados, para que viva y trabaje en EEUU.

RESPUESTA.- Sí, y además la calle Columbia está como a una hora de distancia caminando del Capitolio, en el que los legisladores aprobaron la semana pasada la construcción de un muro de 1.100 kilómetros en la frontera con México. Una iniciativa que da risa.

P.- ¿Por qué?

R.- Porque lo más que van a conseguir es elevar el precio de traer a una persona de 6.000 a 7.000 dólares. En España no sólo tienen una reja, tienen un océano, y es uno de los principales lugares de entrada de inmigrantes ilegales en Europa. ¿Y cuál es el principal punto de entrada de esos inmigrantes? El aeropuerto de Barajas. Aquí, en EEUU, los principales puertos de entrada también son los aeropuertos y la frontera con Canadá. Pensar que el problema se resuelve con muros es una ilusión.

P.- ¿Qué se puede hacer?

R.- Esta barrera va a costar miles de millones de dólares. Mientras tanto, el número de multas en EEUU a empresas que contratan a inmigrantes ilegales ha caído un 82% en los últimos 10 años.El número total de empresas norteamericanas multadas por haber contratado a ilegales es 124. ¿Se da cuenta de la desproporción que hay entre crear una barrera para frenar a los inmigrantes y no actuar sobre la demanda de esos mismos inmigrantes? Es algo tan ilusorio como gastar 40.000 millones de dólares anuales en tratar de controlar la importación de drogas. Llevan casi 30 años haciéndolo y no lo han logrado. Esto revela un problema de aprendizaje colectivo. Los políticos no cambian a pesar de que está claro que lo que están haciendo no funciona.

P.- Ni los políticos ni los teóricos. Según su tesis, ninguna de las grandes corrientes de pensamiento político en relaciones internacionales-realismo, idealismo y liberalismo-da solución al problema de cómo manejar esta gigantesca economía sumergida en la era de la globalización.

R.- El realismo, el idealismo y el liberalismo entienden la realidad mundial de maneras muy diferentes y tienen prescripciones también muy diversas, pero las tres tienen en común el mismo instinto: buscar el Estado, la nación que está detrás del problema. Y yo arguyo que el Estado-nación ha disminuido de importancia. El 11-S y el 11-M nos enseñaron que hay muchos fenómenos que no necesitan tener un Estado-nación detrás. Hay una intersección de globalización con corrupción. De mercados libres con nuevas tecnologías que facilitan el transporte y la comunicación. Esto ha generado una potencia inmensa de las redes de delincuentes -no necesariamente terroristas- y una debilidad más que grande de los Gobiernos. En todos los estados y mercados que he estudiado no hay un solo ejemplo de un Gobierno que haya tenido éxito en contener a una de estas redes.

P.- Su libro es considerado por muchos como el contrapunto pesimista a The Earth is Flat (La Tierra es plana), del columnista de The New York Times Thomas Friedman , en el que se pinta un panorama muy favorable de la globalización.

R.- No lo es. El libro de Friedman parte del hecho de que la globalización allana el terreno de juego en la economía. El mío señala que la globalización también aumenta las posibilidades de crimen internacional. Ninguno cuestiona al otro.

P.- Pero, con globalización o sin ella, siempre ha habido crimen organizado. Y el poder que ha adquirido el Estado en estos últimos 150 años ha sido una excepción histórica. Así pues estamos volviendo a una situación normal. Antes las rebeliones no necesitaban del apoyo de ningún Estado. Ahora, Al Qaeda o la guerrilla iraquí tampoco.

R.- Es cierto que el papel del Estado ha sido tradicionalmente mucho menor. Pero no lo es menos que el crimen organizado ha crecido con la globalización de una forma insospechada. El contrabando antes se realizaba entre dos o tres países. Ahora hay narcotraficantes nigerianos en el norte de Tailandia. El cartel del Golfo, en México, trabaja en coordinación con la mafia rusa. Afganistán, a pesar de tener más de 30.000 soldados extranjeros, tiene el 82% del mercado mundial de la heroína. Hay provincias chinas que están dominadas por redes de delincuentes. El problema de la economía informal es mayor que el del terrorismo para el sistema de relaciones internacionales. Pero el terrorismo es el único tema del que se ocupa el discurso oficial.

P.- Tal vez los liberales más institucionalistas, como Ikenberry , con su enfoque basado en dar mayor importancia a las organizaciones multilaterales, puedan ofrecer una respuesta.

R.- Ahí hay alguna solución. Pero lo más importante es que nadie es capaz de responder a los retos intelectuales -en realidad, muy reales, porque estamos hablando de países que están siendo capturados, industrias que están siendo socavadas y comunidades que están siendo destruidas- que plantea esta situación.

P.- Visto con un poco de cinismo, todo este fenómeno encaja la teoría liberal más clásica. Esta es la privatización de la delincuencia.Grupos terroristas totalmente privados y mafias que están privatizando el Estado.

R.- No creo que eso sea cinismo. La década de los 90 fue maravillosa para los organismos no gubernamentales y para el sector privado. Y terrible para los gobiernos y los partidos políticos. En casi todas partes los partidos políticos perdieron militantes y poder y en Alemania, en Italia y en América Latina fueron desplazados por grupos alternativos. Los gobiernos se vieron limitados esencialmente por la globalización -el control de los déficit, la presión de los mercados financieros-. Los jóvenes que querían cambiar el mundo se iban a organismos no gubernamentales. Al Qaeda no es más que una organización no gubernamental muy agresiva. Y las redes que yo describo también lo son.

P.- De su libro se deduce que no hay respuestas a estos problemas.Usted explica cómo Condoleezza Rice, antes de que Bush fuera presidente, pensaba que Irak, Irán, China y Rusia eran las amenazas a las que se debía enfrentar EEUU. Es una respuesta muy de estados-nación, en el estilo de Morgenthau o Waltz , con la mentalidad de la Guerra Fría o del Congreso de Viena. Y ahora Rice ha nombrado director de Planificación Política del Departamento de Estado a Stephen Krasner , otro realista poco o nada partidario de las instituciones multilaterales.

R.- Sí, es un realista, pero ve la cuestión de la soberanía de una forma más sofisticada. El entiende, primero, que la idea de soberanía absoluta nunca fue cierta, que los nacionalismos estridentes son defensores a ultranza de una soberanía que en realidad es inventada, aunque los gobiernos de la mayoría de los países se suelen deleitar en ello.

P.- De acuerdo. Asumamos que los estados deben ceder soberanía a ciertas instituciones multilaterales. ¿Arreglaría eso algo? Porque instituciones como la ONU, el FMI o el Banco Mundial son monstruos burocráticos que ni siquiera pagan impuestos.

R.- No lo creo. Creo que se trata de gente en general muy capaz.

P.- El FMI no admitió que los tipos de cambio fijos tal vez no fueran idóneos hasta 1999, cuando casi todos los países con tipos de cambios fijos estaban al borde del colapso financiero, si es que no se habían colapsado ya.

R.- En ese caso habría que preguntarle, más que a las instituciones, a los dueños de esas instituciones, es decir, a los gobiernos.En cualquier caso, estas instituciones son importantes porque los grupos ilegales no tienen fronteras, funcionan sin reglas, tienen incentivos muy grandes y operan donde los estados no llegan.Y para un Estado funcionar en otro Estado es tan difícil como para un ser humano funcionar debajo del mar. Los estados están hechos para funcionar en territorios concretos y operar con normas específicas que fijan lo que pueden hacer y lo que no.

P.- Entonces, ¿qué se les debe exigir a los estados?

R.- Lo primero, los ciudadanos debemos reducir lo que les pedimos. Cada día les pedimos más cosas, en parte porque cada día aparecen nuevos delitos. Pero es cierto que hay un cierto margen para combatir ciertos delitos sin necesidad de contar con el Estado.Por ejemplo, lo que están haciendo las empresas del entretenimiento y del software para protegerse de la piratería no es eficaz.Deberían coger todo el dinero que se gastan en grupos de presión e invertirlo en desarrollar sistemas antipiratería eficaces.Y , además, debemos hacernos esta pregunta: ¿qué prefiero yo, como ciudadano, que el Estado dedique sus limitados recursos a la lucha contra la piratería en Internet o a tratar de que el material radiactivo de la antigua Unión Soviética no acabe en manos de alguien que tenga la feliz idea de ponerlo en la estación de Atocha?

P.- Pero todos estamos muy contentos con las marcas de ropa o de artículos electrónicos falsificadas.

R.- Exacto. Nuestro propio modelo de vida fomenta esto. La liberación de la mujer, por ejemplo, habría sido imposible de no haber existido una oferta de canguros que cuidan niños y ancianos y que son en gran medida inmigrantes ilegales. Y lo mismo sucede con otros productos y servicios. A todos nos hace mucha gracia poder comprar un artículo de marca que vale 1.000 dólares sólo por 20. Pero no hay que olvidar que es posible que esa falsificación esté vinculada a mafias que trafican con seres humanos, con drogas o con armas. De un lado hay millones de compradores deseosos de comprar. De otro, millones de vendedores deseosos de vender.Y todo ello intermediado por algunos de los más sofisticados, inescrupulosos, creativos y ricos empresarios del mundo, que están en estas redes de criminales. ¿Y queremos que el Estado, con sus funcionarios mal pagados, no muy bien formados y muy limitados, se meta en medio de estas dos avalanchas y las pare?

P.- Otra opción puede ser cambiar el Estado. Algo que hacen en su país, en Venezuela . En el último número de Foreign Policy hay un artículo en el que se califica al régimen de Chávez de «dictadura competitiva».

R.- El Estado bolivariano está generando nuevas fórmulas y nuevas realidades que no conocíamos antes. No es una autocracia dictatorial tradicional, pero tampoco, ni mucho menos, una democracia tradicional.Es un híbrido que se acopla a los nuevos estándares internacionales de expectativas con respecto a elecciones y a ciertos tipos de libertades, pero que al mismo tiempo las socava de manera menos visible.

P.- Pero muy efectiva.

R.- Sí. Y en ese sentido hay que decir que el Estado bolivariano ha sido muy afortunado porque existe en su forma actual gracias a la buena suerte en tres áreas: el precio del petróleo, la calidad de sus enemigos internos y la calidad de sus enemigos externos.El Gobierno bolivariano ha sido muy, muy afortunado de tener a la oposición venezolana que ha tenido y al Gobierno de Bush , que ha estado distraído por el 11-S e Irak y que además ha prestado muy poca atención a América Latina. Y, volviendo al tema de nuestra conversación, Chávez ha utilizado la delincuencia, la ha tolerado, él ha dicho que puede entender perfectamente que, dadas las condiciones de pobreza y de hambre que hay en el país, la gente decida ser criminal. Es una idea no sólo equivocada, sino peligrosísima.Porque si fuera así la India o China serían los países más criminales del mundo.

LA CUESTION

- La Costa del Sol podrá convertirse la 'Costa del Crimen' y Miami en una de las capitales del narcotráfico. ¿Pero España o Estados Unidos pueden convertirse en un narco -Estado como Afganistán o Colombia?

- Esa es la reacción normal de un habitante de un país desarrollado que no sabe que en los años 70 los colombianos pensaban así, y veían el contrabando a pequeña escala como un problema de los gringos. Entonces lo que les preocupaba era el contrabando de esmeraldas. Y los brasileños decían que a ellos la coca no les importaba porque Brasil era sólo un país de tránsito, por el que la droga pasaba de los Andes a Europa. Hoy Brasil es el segundo mayor consumidor de coca del mundo, después de Estados Unidos, y la droga está transformando toda la política y la sociedad brasileña. Yo no estoy pronosticando que España se va a transformar en un narco -Estado. Pero sí quiero dejar claro que esa complacencia puede ser peligrosa.

SU PROPIO MUNDO

«Los países se parecen mucho más de lo que creemos»

Usted ha sido académico, ministro, funcionario internacional, asesor personal del entonces presidente del Banco Mundial, Jim Wolfensohn , analista en uno de los think - tanks con más solera y prestigio del mundo -el Carnegie Endownment for International Peace (CEIP)- y director de Foreign Policy , que edita el CEIP y es una de las revistas más influyentes en relaciones internacionales.

- Sí, en realidad he tenido cuatro carreras profesionales. Aunque la experiencia más gratificante fue ser ministro de Industria y Comercio de Venezuela , de 1989 a 1990. Más incluso que ser director de Foreign Policy . Pero también fue la más frustrante.

¿Por qué frustrante?

- La historia venezolana contemporánea es muy dolorosa. Venezuela es un país extraordinario, que merece lo mejor y ha tenido lo peor. Teníamos unos sueños fantásticos para crear prosperidad y aprovechar sus características privilegiadas, que deberían dar a los venezolanos una calidad de vida que estaría entre las mejores del mundo. Y trágicamente hoy está entre las peores.

¿Y su experiencia en el Banco Mundial? Por cierto, a pesar de su colaboración con Wolfesohn , Foreign Policy publicó hace unos años una portada demoledora sobre el entonces presidente de la entidad titulada El hombre que quebró el Banco.

- En el Banco Mundial aprendí a ver el mundo desde un punto de vista comparativo. Y llegué a la conclusión de que los países son en muchas ocasiones más similares de lo que parecen. Y de lo que ellos mismos creen. Mucha gente cree que su país es absolutamente único. Pero después ves que en muchos sitios pasan cosas muy parecidas.

No ha vuelto a la Universidad. Y en su libro hay una crítica implícita hacia los académicos, en el sentido de falta de respuestas intelectuales ante la situación que denuncia de explosión del tráfico ilícito en todo el mundo.

- Eso tiene que ver mucho con mi trabajo en Foreign Policy , que es una de las revistas más codiciadas por los académicos de todo el mundo. Tenemos más de 300 artículos no solicitados cada semana.Los leemos todos y eso, la verdad, a veces no es nada gratificante.Aunque entre ellos hay joyas, con frecuencia me sorprendo de lo pobres que son. Muchas veces me extraña que sus autores crean que presentan ideas valiosas cuando se trata de banalidades disfrazadas de frases grandilocuentes, muy desconectadas de la realidad, que tienen muy poco que ofrecer para alguien que debe tomar decisiones o que presentan un nivel de abstracción tal y están tan desconectadas de la realidad cotidiana que te preguntas dónde vive el autor.


 


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